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7-12-1941
La devolución de una visita

El día 07 de diciembre de 1941, aconteció el nefasto hecho de enfrentar, una vez más, a dos juventudes válidas y presunto futuro de dos naciones, en este caso Japón y EEUU. Con las mentes enturbiadas, por unos pervertidores que habían convencido a unos del peligro de los demonios amarillos, y a otros del barbarismo de los narices grandes.

Mas todo esto ¿ocurrió por casualidad? o ¿hubo causalidad? Veamos los hechos con la serenidad que da el pretérito.


Transcurría el año 1542 en el período Muromachi, cuando los portugueses establecieron relaciones comerciales con el hermético Japón, afincándose siete años después san Francisco Javier para predicar la fe católica. Nos trasladamos al período Edo o de los Tokugawa, 1616-1867, cuando la restricción de circulación en Japón de extranjeros solo dispensaba a los ya mencionados portugueses, y a los chinos. Durante más de 300 años existieron unos acuerdos comerciales con respeto a los condicionamientos nacionales del Imperio del Sol naciente, mas en el año 1853 apareció un tercero en discordia, los USA, también querían parte del pastel y ni cortos ni perezosos, atracaron en el puerto de Yokohama, bahía de Tokio, con los buques negros, apelativo debido al color del casco de estos. El comandante Perry de la Armada de los EEUU de Norteamérica parlamentó con las autoridades correspondientes para establecer relaciones comerciales, mas al no llegar a un acuerdo estas no fructificaron. Tras lo cual volvió a embarcar y cañoneó el puerto a placer, al no poseer los japoneses un armamento equivalente o similar. Finalizada la tropelía regresó a tierra, y las autoridades niponas se vieron forzadas a ceder.

De esta forma y manera, con la sutileza yankee habitual, establecieron relaciones de todo tipo con el lejano Yamato.

¿Qué enseñanzas podemos sacar de estas actitudes y acontecimientos? Evidentemente muchas, mas nos vamos a quedar con una de importancia capital.

Al no aparecer ninguna reacción internacional en contra, aprendieron que el más fuerte siempre lleva razón. Basándose en este silogismo, emprendieron una escalada armamentista acelerada y certera, de la cual destacamos someramente dos acontecimientos.

Ya en la era Meiji 1868-1912, con el emperador Mutsuhito, la abrumadora victoria de la Flota de alta mar japonesa, bajo el mando del almirante Togo, sobre la zarista en la batalla de Tsushima en el año 1905, 52 años después de la afrenta del comandante Perry, todo un record industrial y militar. Llegamos al período 1937-38 en la era Showa con el emperador Hiro Hito al frente, culminaron la creación del estado de Manchukuo en el Asia continental, comprendiendo: Corea, noreste de China (terreno Manchú) y Mongolia exterior, 85 años después de la ya mencionada afrenta.

Ahora en el año 1941, 88 años después de que el Imperio del Sol naciente sufriera la humillación del cañoneo en el puerto de Yokohama, concretamente el 7 de diciembre, el almirante Isoroku Yamamoto atacó Pearl Harbour, bajo el mismo estandarte de la batalla de Tsushima.

Los estadounidenses despotricaron contra los agresores japoneses, llamándoles de todo menos bonitos. Aquí vemos como funciona la ley del embudo, ya no se acordaban que hacía menos de 90 años ellos habían sido merecedores de todos los epítetos que aplicaron en ese momento a los nipones. Máxime que el gobierno USA presionó lo que no está en los escritos para que la nación japonesa reaccionara de esa previsible manera, y este era el principal motivo de que en Puerto Perla no hubiera portaaviones, pieza clave de la guerra aeronaval.

¿Todo esto se va a convertir en un hecho cíclico? ¿en otros escenarios? ¿con otros protagonistas?

Ya sabemos la conveniencia de no olvidar la historia, aunque sea en la barbas de nuestros vecinos. Miremos de una vez a la Rosa de los vientos para cambiar nuestro rumbo y convertirnos en naciones emergentes de paz, progreso y respeto, olvidándonos de ser un lobo para nosotros mismos, y tomando las riendas de nuestro destino, realizamos lo que dijo nuestro insigne don Miguel de Unamuno: Procuremos ser padres de nuestro futuro y no hijos de nuestro pasado.

En el 70º aniversario de tan triste “Incidente”.

José Manuel Díez Sierra

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